La Plaza de Toros de Zarzalejo
Única en la Comunidad de Madrid

Es una de las únicas plazas de toros que quedan en la Comunidad de Madrid que se construyen en la propia plaza del pueblo. No es ni redonda, ni cuadrada ni hexagonal, consta de 4 lados con ángulos distintos y uno de los lados es curvado.
Antiguamente era distinta, pero siempre manteniendo su singularidad.

Más allá de un entramado taurino, la Plaza de Toros fue, es y será, el alma del pueblo en las fiestas patronales.

Todos los años en los meses de Agosto y Septiembre los vecinos de Zarzalejo, tanto taurófilos como contrarios a las corridas, se reúnen para el montaje y desmontaje de la Plaza de Toros. Pero antes de hablar de la actualidad, repasemos un poco los antecedentes de la plaza.

Orígenes

Se desconoce el origen de las actividades taurinas del pueblo, probablemente la tradición provenga del siglo XVIII. Pero sí conocemos que hasta mediados del siglo XX, la plaza del pueblo se cercaba con los carruajes de trabajo para celebrar los eventos taurinos. Los mozos, mozas y casados del pueblo se subían a los vehículos de madera para contemplar el evento.

Los bovinos bravos se transportaban a pie, como si de ganado se tratara, desde las fincas ganaderas en la zona de Fresnedillas subiendo hasta el pueblo.

Carros por maderos

En torno a los años 40 y 50 desaparecieron los carros en sustitución de unas traviesas de madera que rodeaban el interior de la plaza. Con los postes clavados en la tierra, aquellos vecinos más jóvenes miraban entre los huecos de los maderos mientras que los adultos se subían encima.

No estaba cercada toda la plaza, por ejemplo, en el lado del Bar de Pizarro se usaba la propia pared de las casas como delimitación y se tapiaban las puertas. Los bóvidos se empezaron a traer en camión y se soltaban desde el mismo.

Los palcos actuales

Plaza de toros de Zarzalejo

El diseño actual de la Plaza de Toros de Zarzalejo se creó en los años 70. Sin estudios de arquitectura pero carpintero de profesión, el conocido como Maestro Don Pío Tapiz Garnica, diseñó los palcos y la estructura que hasta hoy se sigue levantando. Todo el trabajo de hierro y madera se realizó a mano.

La plaza portátil consta de 69 formas numeradas (estructuras metálicas escalonadas que unen las tablas) y cada una es distinta. Esto se debe a que el perímetro de la plaza de Zarzalejo es irregular. Son cuatro lados, tres de ellos más o menos rectos (Posada, Ayuntamiento y casa Pichi) y uno, el más largo (casa Juan), tiene una curvatura abierta. Esto demuestra la complejidad y precisión del armazón para que todo encaje a la perfección. Cada forma tiene su posición única en la plaza, de hecho algunas piedras tienen pequeños rebajes como marcaje.
Las formas de hierro se unen primero con las tablas (barrera) de madera y se sujetan con cuatro traviesas, dos en el extremo inferior y dos en el superior. Una vez sujetas y conectadas varias formas se procede a encajar las tablas de los palcos, queda tan ajustado que es necesario usar palancas y fuerza bruta para colocar las tablas.

Cuando se terminan con los palcos es turno de colocar los burladeros. Son las barreras que dejan un pequeño hueco para el resguardo de los toreros. Estos maderos reforzados, que pesan como demonios, se suelen mover con una excavadora y se anclan a la plaza con brazos metálicos.

Para finalizar la labor mañanera se emplazan las porteras de madera. Hay dos, la pequeña de la calle del Mirador y la más grande y pesada, la del Llanillo.

Plaza de toros Zarzalejo 3

Varía cada verano, pero sobre las 13:00 está finalizada la obra y los vecinos se sientan en los palcos a tomar un merecido aperitivo. Nadie cobrará nada por el esfuerzo, pero todo el pueblo gozará y disfrutará, un año más, de la Plaza de Toros de Zarzalejo.

La plaza no se monta en su totalidad. Quedan libres los accesos a las calles, carretera, Ayuntamiento y la zona del Bar de la Posada. Días después del montaje se asegura todo el entramado con cables de acero sujetos a las famosas talanqueras de piedra. También se colocan las tablas del escenario con sus vallas, se sitúan las escaleras para subir a los palcos y emplazan los toriles. Todo el suelo granítico de la plaza se cubre con una capa de unos 5 cm de tierra arcillosa.

En días de evento taurino se levantan el resto de formas y tablas para cerrar el ruedo. Además, se añaden las famosas porteras, unas estructuras de chapa que cierran las calles de alrededor de la plaza para controlar la entrada del público. En los días de corrida el acceso se reduce a dos taquillas, la del Mirador y la del Llanillo.
Cuando acaba el acontecimiento se desarman estas partes para liberar de nuevo las entradas.

Mucho más que toros

Te guste o no la tauromaquia, no se puede negar que la plaza tiene un aura especial cuando está montada. El “olor” a fiestas, los recuerdos, la nostalgia de ver los palcos levantados es un sentimiento difícil de expresar.

Las viejas gradas de madera sirven de reunión, descanso y disfrute de los residentes. El ambiente es especial, llegando a su punto álgido en la noche de los disfraces, cuando la plaza se pone a rebosar de gente regocijándose del momento.

Pero aquí no acaban los eventos no taurinos de la plaza. También se celebran los conocidos partidos de fútbol de mozas contra casadas, mozos contra casados, apetitivos, juegos de niños, juegos tradicionales, la “comida del toro” y como no, los bailes al ritmo musical de orquestas y discotecas.